Generalmente escribo cuando algo va creciendo muy muy adentro mío y termina desbordándome. Últimamente caí en la cuenta que lo que surge en esos momentos, cuando se transforma en palabras, sigue un recorrido similar al análisis psicoanalítico de un sueño…

Y claro: no siempre tengo ganas de analizar mis sueños. En especial algunos que arrastro conmigo estando bien despierta.

Pero… qué hacer cuando alguien muy especial me dice: “por favor, escribí algo sobre esto”. Por alguna razón, ayer, ese pedido me sonó en el mismo tono a cuando unas horas antes una amiga me había pedido que viajara con mis pinceles…

Es que, en definitiva, lo que pinto, lo que escribo e incluso mis fotografías, son producto de la misma materia prima…

Hace unos días leí en un blog: “my life is full of you, but without you”, lo cual puede entenderse como “mi vida está llena de ti, pero sin ti” o mejor todavía, “mi vida está llena de ti, pero tú no estás”. En ese caso, el que escribía era el sobreviviente de una pareja que terminó dos años y medio atrás, cuando ella murió. Él recordaba que ese día sería su cumpleaños y recordó también esa frase, leída tiempo atrás en algún texto… my life is full of you, but without you.

La frase me conmovió hasta lo indescriptible… (pobre censura, tan abroquelada que no deja pasar nada, que me anestesia, hasta que la toman por sorpresa con una frase de pocas letras…) ¿Cómo explicar con palabras lo que se siente cuando nuestra vida está llena de alguien, pero ese alguien en realidad, ya no está? ¿Sólo podemos concebir que alguien está con nosotros cuando tenemos su presencia física y tangible a nuestro lado? Si “extrañar”, en este contexto, es echar de menos: ¿Cómo le decimos a alguien “te extraño” cuando su presencia es como un programa instalado en nuestra memoria residente (si me permiten la comparación cibernética)?

Quizás lo que me conmovió no fue la frase, sino esa ausencia de duelo frente a lo inefable que la frase reflejaba.

Siguiendo con la metáfora digital, lo que generaron (¿o generan?) en nosotros algunas personas es como un virus informático, al cual solo un duelo bien elaborado puede desinstalar, cuando las circunstancias así lo requieren.

Y para hacer un duelo no hace falta que haya un muerto real… Las ilusiones también pueden duelarse… Como los sentimientos, los sueños, los proyectos, las expectativas, las emociones, las sensaciones, las impresiones que quedaron grabadas en nuestros sentidos…

Pero cuando no nos referimos a esos casos… ¿Qué extrañamos cuando extrañamos?

No se qué extrañará cada persona cuando dice que extraña a alguien. Tampoco se si se pueden construir patrones de añoranza, reglas generales… (Me doy risa, tratando de teorizar para amortiguar el impacto que me produce mi propia forma de extrañar…)

Sigo sin ganas de analizarme hoy… escribí esto a pedido… Si callo a mi censura, la que contiene lo que me desborda, lo único que se filtra es que yo no extraño con la mente, ni siquiera con el corazón…

(“My life is full of you”… la frase me sigue fastidiando. Me molesta. Me hace ruido. Me da bronca… quisiera que fuera sólo una frase más).

Perdí este round. Sólo extraño con la piel.

Las vacaciones pueden ser una costumbre, un ritual, que se repite año a año con la excusa del descanso. Hasta pueden ser una obligación. Si hago memoria, son pocas las veces que realmente descansé en vacaciones. Y si lo pienso bien, en general, no me permito descansar, con o sin vacaciones.

De repente, sin pensarlo mucho ni preguntarme los por qué, este año me inventé unas vacaciones. Literalmente, me las inventé. En una época inusual, movida por sinrazones, por hilos irracionales, sin indagar a fondo cuál era el combustible, a un lugar impensado, sin poder responder “por qué?”.

Lo único que se me ocurrió una noche, hablando con amigos, fue decir: “me voy a construir recuerdos”.

Necesito más recuerdos felices en mi vida. Y si no hay los suficientes, tendré que construirlos.

Anoche hablaba con una de mis hijas y le decía que hubo un momento en mi vida donde así, de golpe, me di cuenta que ya no me quedaba mucho espacio para fingir. Ni para vivir con inercia. A mi al menos, le decía, se me terminaron hace rato los sentimientos “obligatorios”. Ya no quiero “gente mierda” cerca mío, le decía, ya no quiero “mediocridad sentimental”, ya no quiero amor ni amistad unidireccional…

Hace unos días atrás, hicimos, con una amiga, una línea del tiempo de nuestras vidas. La inquietud nació en ella, a quien después de varias horas de charla, se le ocurrió preguntar: “¿Con la cantidad de cosas dolorosas que nos pasaron, qué podríamos haber sido?”. Y bueno, la verdad es que, en nuestros dos casos particulares, teníamos excusa y justificativo para haber sido cualquier cosa nefasta, personas dañinas para nosotras mismas, para los demás, para la sociedad. Ninguna de las dos vivió un cuento de hadas. Cuando íbamos inventariando y agregando acontecimientos a esas líneas del tiempo, cada cosa que le adicionábamos era una bomba de neutrones: duelos inconmensurables, pérdidas terribles, acontecimientos devastadores… Y ninguna de las dos eligió el camino de la victimización, ni de la autocompasión, ni de la psicopatía social, ni de la destrucción. Y ninguna de las dos se siente heroína ni víctima… Y las dos aprendimos a seguir adelante con unas espantosas mochilas llenas de dolores. Y ninguna de las dos perdió el humor, ni las ganas de vivir, ni las ganas de amar.

Y así, después de un rato, pensamos en esas personas, que las hay, a quienes se les dió -aunque ellos no lo sepan ni se den por enterados- una versión de la vida que para algunos es como un cuento de hadas: infancia con ambos padres, viviendo siempre en el mismo lugar, en el mismo colegio, en la misma casa, rodeado de la misma gente, sin duelos significativos, sin problemas graves… Gente que ha llegado a los 40 o los 50 sin haber pasado por una verdadera pérdida, que no se han muerto sus padres, ni sus hermanos, ni sus hijos, que no saben lo que es convivir con una enfermedad crónica, que no perdieron nada, que no reconstruyeron nada, que no pasaron por un divorcio, o por la viudez…

Y en medio de todo eso, me vinieron a la memoria palabras que una vez me dijeron y que me cayeron como plomo: “me gustaría ser como vos”. Yo no entendí, en su momento, por qué me lo dijeron. Creo que sigo sin entender. Pero lo que sí entiendo, es que seguramente para ser como yo, quienquiera que sea tendría que haber pasado por todas las circunstancias que viví y ni así bastaría. Y lo pienso más y creo que para ser como yo, tendría que haber hecho lo que yo hice: optar, elegir, decidir. Tuve, igual que mi amiga, todas las excusas para ser absolutamente distinta, una sociópata, por ponerlo en un extremo, una planta, una víctima. Pero yo elegí ser quién soy. No hay secretos. Fue y es, día a día, mi propia decisión. Todos los días estoy eligiendo y decidiendo, tomando partido, asumiendo.

Y hoy, así, con todo esto dando vueltas por la mente, arremolinándose de a ratos, entre maletas y pasaportes, me doy cuenta que me estoy tomando vacaciones. Y que son, contrario a lo que parecían, vacaciones muy racionales.

Y también me doy cuenta que nunca había dicho que me estaba tomando vacaciones, que me daba vergüenza decir que me voy, así, porque sí, simplemente porque surgió la imperiosa y rotunda necesidad de levantar vuelo, de despegar.

Y así, sin especular ni planificar, hoy me doy cuenta que me estoy tomando vacaciones del dolor. Vacaciones de los duelos. Vacaciones de las pérdidas. Vacaciones de los robos materiales. Vacaciones de las estafas emocionales. Vacaciones de la gente mierda. Vacaciones de la falta de reconocimiento. Vacaciones de las postergaciones. Vacaciones de la lucha. Vacaciones de los bancos, de las tarjetas de crédito, de los préstamos, de la AFIP, de las moratorias, de los malabarismos económicos. Vacaciones de ganancias y de bienes personales. Vacaciones de los médicos, de los tratamientos, de los remedios, de los controles y de los especialistas. Vacaciones de las obligaciones. Vacaciones de las tomas de decisiones. Vacaciones de estar en el banquillo de los acusados. Vacaciones de empezar de cero dos veces en el mismo año. Vacaciones de dar explicaciones. Vacaciones de los albañiles, de los electricistas, de los plomeros, de los que colocan pisos, de los herreros. Vacaciones de pensar en todas las decisiones que todavía me quedan por tomar. Vacaciones de muchas cosas que se me antojan absolutamente injustas. Vacaciones de la indiferencia. Vacaciones del silencio. Vacaciones de la irresponsabilidad de los demás. Vacaciones de… si, vacaciones del dolor.

Y no es una simple y sencilla evasión. No me voy a evadir de nada. Sólo voy a tomarme vacaciones para juntar fuerzas y seguir luchando por lo que me importa, o sea, por lo importante, por quienes amo, por quienes valgan la pena.

Y no es sólo eso. Me voy, como le dije a mis amigos, a construir recuerdos con una de mis hijas. Y me voy intentando dejar acá esa mochila llena de los acontecimientos que construyeron mi vida y que crearon un marco donde yo decidí ser quien soy. Por un tiempo al menos.

Me voy liviana, desapegada y libre, a buscar el abrazo de mucha gente que amo con todo el corazón, un abrazo que necesito y mucho.

Me voy, por primera vez en mi vida, dispuesta a descansar y a disfrutar. Me voy de vacaciones!!!!!!!

Alas

Posted: 27/04/2012 by Inés Tornabene in Pensamientos
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El amor te da alas.

Alas para volar donde quieras.

Alas para cerrarlas y quedarte donde estás.

Alas para refugiar y dar calor.

Alas para alejarte cuando ya no querés dar combate.

Alas para volver cuando así lo necesitás.

Alas para crecer y sentirte fuerte.

Alas para meter la cabeza y esconderla.

Alas para planear por un cielo limpio y llenarte el alma de viento y de libertad.

Alas fuertes como las de un cóndor, o frágiles como las de una mariposa.

Alas para colgarlas y renunciar a todo, incluso al amor.

Vos elegís como usarlas.

 
 
Fuente imágen

Nunca me pregunté por qué me gustan tanto las tormentas. Nunca entendí por qué cada vez que en el aire se respira esa inquietud, ese presagio de temporal, esa electricidad, una alegría inexplicable e irracional se apodera de mi.

Tampoco se muy bien qué se conjugó hoy, así, de repente, para entender mis razones. Bueno, en realidad, no quiero saberlo.

Cuando era muy chica las tormentas me aterrorizaban. Lloraba tanto que me ahogaba y no podía respirar. No había forma de calmarme con nada hasta que… llegaba mi papá.

Y mi viejo, estuviera donde estuviera, sabedor del estado en que me ponía cuando se desencadenaba una tormenta -y no me refiero a una lluvia pasajera, sino a una verdadera tormenta con relámpagos y truenos- dejaba lo que fuera que estuviera haciendo y ahí venía a mi encuentro.

Ese era el único lugar del mundo donde las tormentas no me asustaban: entre sus brazos.

Y hoy, así, de golpe, sin ninguna tormenta mediante, como una verdad que siempre hubiera estado ahí esperando que la descubriera, mirando fotos, y mirando una en particular, entendí porque hoy me gustan tanto las tormentas…

Y es que en mi inconsciente una tormenta anuncia la llegada de mi viejo y de su abrazo…

Se ve que mi inconsciente todavía no se enteró que hace seis años que ya no está en un lugar donde pueda dejar todo para venir a abrazarme.

Será cuestión de olvidarse de los tiempos y de las distancias…

Creer…

Posted: 12/04/2012 by Inés Tornabene in Frases célebres, Pensamientos, poesía, Videos
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En el mundo estamos los que creemos que se puede -porfiados, caprichosos, intensos, tontos, etc, etc, etc- y… todos los demás…

Los que preferimos morir creyendo, total… ¿a quién le tenemos que rendir cuentas si estamos equivocados?

Los que preferimos que nos duela hasta la última célula de tanto extrañar, antes que vivir una vida que no conozca lo que es sentir…

Los que nos quedamos agotados, mudos de tantas palabras que no pueden ser dichas, inundados de tantas palabras que no llegan a la garganta y nos perforan el estómago.

Los que nos ilusionamos todo lo que haga falta.

Los que esperamos, aún sabiendo que tal vez esperemos en vano.

Los que no le tenemos miedo al dolor si creemos en la apuesta.

Por suerte somos muchos, y algunos tienen tanto talento como para escribir canciones como esta… va subtitulada.

Love lives – Steven Tyler

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Feliz cumple Juan!!!!!!

Posted: 11/03/2012 by Inés Tornabene in Sin categoría

Me gusta que llegue tu cumple y darme cuenta que no tengo grandes cosas que decirte. Será que pudimos construir una vida juntos donde cada día te pueda decir lo más importante: que te amo.

Veo como fuiste transformándote en un hombre responsable, sensible, justo. Tenés una facilidad para apreciar las situaciones complejas de la vida que es sorprendente, porque recién a partir de hoy tenés diecisiete años. Siempre busco tu opinión, porque se que mirás cada cosa desde distintos lugares, y que tenés un don natural para comprender los sentimientos de los demás. Estoy tan orgullosa de vos que no encuentro las palabras que puedan describir todo lo que siento.

Y te amo como puedo y como me nace: intensamente, con todo el corazón, con el alma y trascendiendo cualquier limitación de tiempo y espacio. Y te se absolutamente libre. Y ni siquiera necesito tenerte cerca para ratificar ese amor. Porque sos libre y me alegro que lo seas.

Seguí usando siempre esa mente fantástica que tenés, pero no dejes nunca de escuchar tu corazón. Aprendé a aquietar los pensamientos, los ruidos internos, la voz de los “tenés que”. Intenté transmitirte los menos posibles. Hay momentos en la vida que hay que oir la intuición. Y vos tenés una intuición poderosa. Nunca la descuides.

A veces descubro la dulzura de los ojos de tu abuelo en tus ojos…

Y todo lo demás, que sólo podemos sentir y no hay forma de ponerle palabras, ya lo sabés. Me parece muy poquito, muy pálido, muy escuálido, pero te dejo las únicas dos palabras que sirven para aproximarse a lo que siento: te amo. Feliz cumple!!!!!. Mamá.

 

Primer recomendación

Si estás dando tus primeros pasos en Facebook, o si nunca le prestaste atención al setting de tu cuenta, tenés que saber que la configuración de tu privacidad por defecto o predeterminada es “publica”. Esto significa que cuando abrís tu cuenta y hasta que modifiques los parámetros de privacidad, cualquiera puede leer lo que publicás en tu muro, por ejemplo, cada vez que actualizás tu estado (el “¿Qué estás pensando?”), o saber cuando hiciste modificaciones en tu perfil o si publicaste fotos o enlaces, o realizaste un comentario… En suma, toda la actividad que realizás se encuentra visible para todo el público hasta tanto no intervengas para restringir estas opciones..

Si te interesa compartir tus actividades solo con tus contactos, tenés que ir a -> Inicio -> Configuración de la privacidad. Aquí vas a encontrar la siguiente página:

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En forma predeterminada va a aparecer tildado “Público”. Podés tildar en “Amigos”, con lo cual ya estás limitando la visibilidad de tus publicaciones solo a tus contactos clasificados como amigos (también es la forma automática en que Facebook califica a todos tus contactos). Y te queda aún la posibilidad de restringir un poco más la configuración tildando “Personalizada”.

Les voy a mostrar como tengo configurada mi propia cuenta:

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Esta imagen ya da idea que al menos tengo clasificados los contactos en “amigos”, “conocidos” y “con acceso restringido”. En realidad tengo dos o tres clasificaciones más.

Pero no es todo. Facebook nos brinda también la posibilidad de personalizar cada actualización de estado y foto en particular. En la próxima recomendación veremos como publicar selectivamente nuestras actualizaciones.

Es difícil describir con pocas palabras quien fue Gregory Bateson. Antropólogo, biólogo, científico social, cibernético, lingüista, ecologista… Otro genio surgido en Palo Alto. Alguien que pudo pararse entre la intersección de la ciencia y la sociedad, entre el hombre y el animal y articular conceptos provenientes de los mas diversos confines del conocimiento.

Uno de sus principales aportes, o con el que usualmente se lo relaciona, fue para el mundo de la Psiquiatría y se refiere a las formas de la comunicación esquizofrénica. Según Bateson, uno de los aspectos de la comunicación esquizofrenizante (preferentemente entre una madre y un hijo) se basa en el envío de dos mensajes, con la particularidad de que ambos son contradictorios y de que el destinatario del mensaje (el hijo) no tiene posibilidad de ignorar ninguno de ellos.

Voy a poner un ejemplo: una madre le dice al hijo: “tenés que ser espontáneo”. El hijo no tiene la opción de ignorar el pedido materno, pero el mensaje es doble y de imposible cumplimiento: si no es espontáneo, no cumple con el mandato, y si cumple con el mandato de ser espontáneo, lo incumple por no “ser espontáneo”, ya que obeceder el mandato se contradice con ser espontáneo. El hijo queda atrapado.

Otro ejemplo: “no lea este cartel”. Para saber qué tengo que hacer con el cartel tengo que leerlo, precisamente lo que no debo hacer. Pero no se que no debo hacerlo hasta que incumplo.

Yendo al terreno comunicacional podemos recordar el primer axioma de la comunicación de Paul Watzlawick (muy relacionado con Bateson e integrante también de la Escuela de Palo Alto) y pensar la situación en que alguien le pida a otra persona: “no te comuniques con X”. El cumplimiento es imposible, ya que no es posible no comunicarse. El silencio es una forma de comunicación, la que nos puede decir, entre un millón de posibilidades, que alguien no quiere comunicarse con nosotros. Pero el hecho mismo del silencio ya nos está comunicando algo.

Otro ejemplo es la clásica paradoja del mentiroso, quien al sostener “estoy mintiendo” dice que afirma algo y además dice algo sobre lo que dice: si estoy mintiendo entonces también es mentira que miento.

Una variante mucho mas informal del double bind, o doble vínculo, es el catch-22, una situación enigmática y cíclica, en la vida de todos los días, donde no hay ganador posible: si intentamos llegar a una solución, el mismo acto de la solución evita que la solución se produzca. Parece complicado, y lo es, tan complicado que existen muchas situaciones así en la vida de muchas personas, quienes, por si mismos o a instancia de otros, se han colocado en una situación paradojal o de cumplimiento imposible, y de la cual no saben como salir.

Por ejemplo: cuando nos ordenamos a nosotros mismos que nos olvidemos de una situación o de una persona, caemos en una situación paradojal o absurda, ya que para que podamos cumplir con el mandato de olvidar indispensablemente tenemos que recordar. Es evidente que si lo que pretendemos es dejar de querer, primero tenemos que ser conscientes que queremos. ¡¡¡No se deja de querer a alguien que ya no se quiere, no se olvida a quien no se tiene presente!!!. Y si queremos imponernos no pensar en algo o en alguien, la sola imposición lleva implícito el acto de pensar en eso mismo que queremos descartar.

Uno de los aspectos mas interesantes para trabajar con deportistas desde la Psicología del Deporte es la concentración y el manejo de los focos atencionales. Pero todo esto que vamos a entrenar con mucho esfuerzo y técnica se hace para llevar a cabo durante una competencia, o sea, durante un lapso de tiempo limitado y concreto. Dependiendo del deporte de que se trate, veremos en que momentos vamos a exigir concentración y en que momentos no, ya que podemos aprender a manejar los distintos tipos atencionales, pero el nivel de concentración tenemos que regularlo para que sea sostenible. Por ejemplo, sería absurdo pedirle a un golfista que se concentre durante todo el recorrido del green, pero en cambio, debe llevar el foco al máximo en los momentos previos y durante el golpe.

Pero, si lo que queremos es mantenernos concentrados y descartando determinados estímulos externos o internos con un esfuerzo consciente y voluntario por lapsos largos de tiempo (días enteros, meses, años) y dentro de una situación paradojal, lo que ocurrirá es que entraremos en un estado de absoluta parálisis. Eso son los casos cuando el paciente nos dice: “se que debo resolver esto, pero no puedo”.

Cuando revisamos lo que “debe” resolver y no “puede”, es probable encontrar que la persona deba hacer X, para lo cual también debe hacer Y, pero Y entra en contradicción con X. Además, por diversas circunstancias, no se permite realizar ningún comentario sobre lo absurdo o contradictorio de la situación. Ninguno de los dos imperativos pueden ser ignorados ni incumplidos (a veces encontramos la contradicción entre el deber ser y el querer, entre los mandatos y los deseos), y la persona se convierte en víctima de una situación insoluble, ya que no puede hacer ni lo uno ni lo otro.

Si dejamos el aspecto comunicacional y lo observamos con un ojo analítico, también podemos pensar que la situación de parálisis es, simultáneamente un síntoma, un beneficio secundario y el cumplimiento de un deseo inconsciente: nada resuelvo, sigo con todo lo que tengo, no elijo, no me arriesgo, y mantengo todos los planetas girando a mi alrededor. Recién cuando esta situación llegue a vivirse como algo molesto y llegue a ser insoportable, comenzarán las objeciones.

A veces la víctima espera que algo externo termine con el martirio: veamos la situación del hijo que no puede casarse por no dejar sola a su madre; si no logra trabajar el vínculo patológico con su progenitora, la posible solución es esperar a que esta muera… O que su novia lo deje. En ninguna de las dos la víctima resuelve. A veces otra solución posible es la propia enfermedad, física o mental, como única vía de escape factible.

Situaciones como las descriptas en el párrafo anterior encuadran en lo que llamo las situaciones “imposibles”, en las que sentimos que, hagamos lo que hagamos, vamos a estar obrando mal. Un ejemplo de esta situación imposible es cuando le decimos a alguien: “no quiero influenciar en tu decisión”. Automáticamente nos colocamos en una situación de resolución imposible, ya que cualquier cosa que hagamos puede ser evaluada como una posible influencia, por quien quiere hacer, o no hacer, o para el beneficiario de la falta de influencia. Lo peor de todo es que la propia inacción o el silencio puede ser percibida como un castigo dirigido con la intensión de lograr algo. El resultado es que será imposible determinar qué hacer y qué no hacer y se caerá en la parálisis por imposibilidad de realizar una acción que no contradiga la premisa desde la cual se partió. Acá no hay objetividad posible, ya que lo único que dará pautas será la subjetividad de los involucrados, y cuando la comunicación no se explicita porque también se vive como una forma de influencia, la paradoja se vuelve cada vez más compleja. Lo único que queda es subir un escalón más arriba, y desde lo metacomunicacional admitir que todo lo que se hace o no se hace en una interacción en un sistema influye en las partes involucradas y se retroalimenta (feedback). Este es uno de los principios básicos de la cibernética comunicacional y del análisis sistémico.

Ahora bien; pese a que en apariencia tengamos un solo personaje o “víctima”, por lo general estos dramas han sido descriptos como un “proceso interaccional interpersonal”. No solo lo sostiene P. Watzlawick en Estructura de la Comunicación Psicótica, sino, por ejemplo, la literatura psiquiátrica francesa (Lasègue, Falret, entre otros, al analizar la “folie a paix”, y el propio J.J. Lacan). La complejidad de estas situaciones, en general, no pueden atribuirse a una sola persona. En la mayoría de los casos hay una estructura familiar que predispone desde la infancia a las situaciones paradojales. Para estos casos, cuando el paciente llega a la consulta, no sólo se recomienda el tratamiento individual sino la terapéutica familiar sistémica, por ser la técnica que mejor aborda el problema comunicacional.

Una de las formas de salir de la situación paradójica es recurrir a la metacomunicación, o sea, realizar un análisis de la forma de comunicación que estamos utilizando en una interacción personal. Vamos a tomar, por ejemplo, el axioma 3, “La naturaleza de una relación depende de la puntuación de las secuencias de comunicación entre los comunicantes” y vamos a suponer la situación de dos personas donde una grita y la otra pega. Para la persona que grita puede ser: “grito porque me pegás”, mientras que para la que reacciona con el golpe puede ser “te pego porque me gritás y eso me violenta”, a lo cual la otra va a responder: “cuando te violentás y me pegás, grito” y así sucesivamente. En esa situación cada uno asigna una puntuación arbitraria desde donde parte y que depende de la vivencia personal de como es la relación, cuando en realidad es intrascendente desde donde se arranca, ya que lo que se ha generado es un círculo donde A genera la acción de B y B genera la acción de A y A genera la acción de B, sin fin. En una situación paradójica, también será necesario ver que hay que hacer X y no se puede hacer Y, pero si al no hacer Y no podemos hacer X, tendremos que descubrir cuál es la situación ilógica que genera la parálisis y que no se puede ser lógico y coherente en una situación ilógica e incoherente. Aunque la puntuación, el lugar desde donde se arranque, sea intrascendente desde lo terapéutico (no nos interesa quien arrancó, si el que grita o el que pega), en algún punto nos tenemos que situar para el análisis de los hechos y hacerle ver al o los involucrados lo absurdo del planteo.

Me parece imprescindible para comprender lo difícil de estas situaciones ilustrar con un ejemplo de Watzlawick:

Un padre alcohólico mixtificará* probablemente a sus hijos exigiendo de ellos que le vean como un padre amante y tierno y no como el borracho temible y violento que es efectivamente. En consecuencia, si sus hijos manifiestan su temor cuando regresa a casa borracho y les amenaza, se ven colocados en un callejón sin salida, pues deben negar su percepción a fin de prestarse a la mascarada de su padre. Supongamos que, después de que lo han conseguido, el padre les acusa súbitamente de tratar de engañarle enmascarando su miedo, es decir que les acusa del mismo comportamiento que les ha hecho adoptar bajo el terror. Entonces si los niños dejan traslucir su temor, serán castigados por haber sobreentendido que su padre es un borracho peligroso; si ocultan su miedo, serán castigados por su “insinceridad”, y si fueran capaces de protestar y meta comunicarse (ej.: “mirá lo que nos hacés…”) se arriesgarían a que les castigaran por insolentes. La situación es verdaderamente insostenible“.

Pero Bateson fue optimista y pensó que se podía salir de este tipo de paradojas. Para ello es necesario pasar del nivel de Aprendizaje II, al nivel de Aprendizaje III. Pero los niveles de aprendizaje desarrollados por G. Bateson exceden el objetivo de este post y tal vez los retome en otro momento. Cuando estamos frente a situaciones imposibles, el mejor recurso parece ser, en primer lugar, descubrir la existencia de la paradoja y como está compuesta. En segundo lugar, abocarse a abrir la posibilidad de la metacomunicación, poniendo la paradoja sobre la mesa para analizarla. El tercer paso podría estar vinculado con el establecimiento de reglas comunicacionales. Y como estas situaciones se produce, en general, en el ámbito de una relación o un vínculo, se deberá conocer con la mayor claridad posible como percibe cada uno dicho vínculo. Durante todo el proceso es necesario prescindir de la puntuación de las secuencias paradojales. Y todo debe tender a salir de la parálisis, para lo cual muchas veces será necesario replantearse los esquemas de valores previos que sostienen las X y las Y, y si realmente puede autoexigirse el cumplimiento de lo imposible.

Muchas veces salir de la parálisis de la situación implica afrontar cambios que no se quiere afrontar, por lo cual muchas veces descubrimos que, lejos de querer salir de lo patológico, los involucrados prefieren aferrarse a la seguridad que la propia parálisis les da.

Cuando dentro de un vínculo no hay posibilidad de construir una metacomunicación eficiente, y entran a jugar otros factores como la denegación de la realidad o negación (la Verneinung) por parte de uno o todos los involucrados, el panorama se plantea mucho más complejo y patológico, por lo cual a veces resulta necesario recurrir a la ayuda profesional. Para el caso de las parejas “double bind”, Sager ha realizado un extenso análisis de las mismas y de la trampa que representa la comunicación paradojal en estos casos, dejando a cada partenaire atrapado sin salida.

Hoy las teorías de Bateson sobre el double bind en la esquizofrenia se han, casi, dejado de lado, no por no ser una de las formas típicas de comunicación entre los miembros de una familia esquizofrenizante, sino porque la comunicación paradojal es ahora mucho más frecuente y aceptada en los más diversos contextos, desde las publicidades en los medios de comunicación hasta en las relaciones familiares donde no hay ningún sujeto esquizofrénico. Al final de su extensa y prolífica carrera, Bateson se dedicó a estudiar el lenguaje y las formas de comunicación de los delfines. Creo que tuvo una excelente idea, siempre admiré la coherencia de los cetáceos.

* Con el término “mixtificación” Watzlawick se refiere a una de las tres estructuras de la comunicación psicótica, donde la divergencia no aparece entre afirmación y réplica, sino entre la declaración de uno y las percepciones, sentimientos e intenciones del otro. En una forma más abstracta, una comunicación mixtificante se enuncia: “Lo que usted ve (o piensa, o siente, o escucha) es falso. Yo le digo cómo son las cosas (o lo que usted debe escuchar, pensar o sentir)”

Cuento cortísimo. Se lo dedico a mi amiga Adriana (aunque ninguna de las dos ya fumemos ni seamos tan buenas).

Se levantó y se miró al espejo. No se gustó. Hacía varios días que se miraba y no se gustaba. Algo andaba mal, era un ruido molesto que sentía en la cabeza, pero no tenía ganas de saber qué era exactamente.

Fue a la cocina, encendió un cigarrillo y puso a calentar agua. Preparó el mate como todos los días. Era domingo, estaba sola. Música de fondo y mucho, mucho fastidio.

Se había pasado toda una vida, la suya, siendo la nena buena que papá y mamá le habían pedido. Buena en el colegio, buena en la facultad, buena en cada trabajo que tuvo. Ahora ya no era una nena, pero seguía siendo buena. Había sido una buena esposa, buena empleada, buena profesional, buena amiga, buena madre, buena ciudadana.

Pero lejos de sentirse bien por eso, se sentía una completa imbécil.

En el fondo sabía por dónde venía el malestar, y no tenía ganas de indagar más al respecto. Pero el ruido en la cabeza no paraba.

En el trabajo siempre elogiaban su desempeño… “qué bien qué hiciste esto”, “qué bien que manejaste tal tema”. Pero el ascenso se lo llevó otra persona. Así con todo. Recibía elogios, muchos elogios, pero el primer premio se lo daban a otro. Ella venía conformándose con ser buena, linda, genial, etc, etc, etc, pero no entendía bien por qué, todavía, no alcanzaba.

Al final, ese domingo, entre mate y humo, se preguntó si el problema no sería que se había esforzado demasiado por ser una nena buena, mientras que el mundo pertenecía a los seres comunes y corrientes, egoístas, humanos.

Se levantó y fue a mirarse otra vez al espejo. Seguía sin gustarse, sin verse ni linda ni nada parecido. Es más, se miró un poco más y se dijo que claramente tendría que verse aún peor, que definitivamente tenía que borrar esa expresión de idiota buena y dejar salir a la bruja que en algún lado de su alma debía anidar. Ser una fucking bitch, una jodida, como era la mayor parte de la gente que conocía.

Quizás así las cosas le fueran mejor. Las brujas y las jodidas tienen más suerte.

En definitiva, pensó, ella no buscaba elogios. No quería ser la mejor madre del mundo, sólo quería que sus hijos la amaran. No quería que le dijeran que era excelente en algo, quería que reconocieran su trabajo y le dieran lo que le correspondía. No quería que le dijeran que era una buena mina y que era linda, quería que estuvieran a su lado.

Ella ya había aprendido que detrás del elogio venía siempre un “… pero…”, y creía que no podría soportar ni uno más sin estallar.

Tenía que buscar. En algún lugar, en algún momento de su vida había perdido el egoísmo. Ese egoísmo fundamental para sobrevivir. Así no iba a poder resistir mucho más. Pero ¿dónde lo había dejado?

¿Por dónde empezar? ¿Qué tablero patear? ¿A quién le iba a apuntar primero? No tenía ganas de convertirse en Michael Douglas en Un día de furia, pero sabía que algo tenía que hacer urgente para que no fuera ella misma quien se quebrara internamente.

Lo sentía. Sabía que tenía que abrirle la puerta al enojo. Sabía que tenía que dejarlo salir. Sabía, ella sabía en el fondo qué la estaba enojando. Sabía que estaba siendo buena con todo el mundo y no estaba siendo buena con ella. Sabía que no reclamar, no preguntar, no saber, no hacer lo que debía hacer por ella misma, tenía más que ver con su miedo que con su bondad. Sabía que no preguntar y no exigir no era por su mentalidad zen, ni por sus creencias filosóficas, sino porque tenía miedo, mucho miedo.

Sabía, no podía seguir ocultándolo, donde estaban cada uno de sus pensamientos y de sus sentimientos. Sabía la frustración que su trabajo le generaba, el malestar que los problemas económicos le traían, el cansancio y el agotamiento de luchar todos los días por sus hijos, la angustia del no saber en qué iba a terminar esa apuesta al corazón en la que se había metido.

Se miró de nuevo al espejo y supo con claridad qué era lo que no le gustaba: no le gustaba su propia cobardía. Su cobardía disfrazada de bondad y de comprensión. Las piernas se le doblaban.

No era buena, era una cobarde. No era comprensiva, estaba aterrorizada. No era que tuviera una paz interior que la sostuviera, que estaba centrada y en contacto con su propia verdad. Era que las incognitas, la incertidumbre, el no saber, la habían paralizado, la habían dejado suspendida y con cara de espanto. Se tuvo que admitir que todo lo que ignoraba era tanto que no era posible sostenerse en el medio de esa nada.

En definitiva, era una cuestión de valentía. De ser valiente para enfrentarse con las cosas que tanto la asustaban. De ser valiente para admitir que tal vez con alguno de sus hijos estaba fracasando en su misión, de entender que en el trabajo el mejor puesto se lo queda el que mejor palanca tiene, de admitir que fue una imbécil al comprar su libertad en lugar de exigirla por la fuerza y de admitir que a veces tenía que dejar de ser una nena buena y ser una mujer exigente y respetarse a si misma.

Encendió otro cigarrillo. No estaba segura de lograrlo. Venía de una generación de nenas buenas. Pero sabía que por algún lado iba a empezar, que algún tablero iba a patear. Aunque todavía no supiera bien cual.

Tren

Posted: 22/02/2012 by Inés Tornabene in Sin categoría

Te esperé tantos eones

que el tiempo no me asusta.

No tengo miedo

mientras tu corazón

siga latiendo dentro de mi pecho.

Si tiemblo,

no es de miedo.

Vos sabés. IT.

La mayoría de las mañanas de mi vida laboral tomo el tren a las 8 hs. Viajo en el primer vagón, adelante de todo. Si no puedo, viajo en el segundo vagón, adelante de todo. Hoy una de mis hijas me preguntó por qué viajo ahí. “Porque me gusta”, como la mayor parte de las cosas que hago en mi vida. Simplemente porque me gusta.

La mayoría de las noches de mi vida, antes de dormir, puedo decirle a mis hijos cuanto los amo. La mayoría de los días de mi vida tengo la suerte de decirle a quienes amo cuánto los quiero. Intento no irme a dormir sin haber enviado al menos mi pensamiento de amor a mis otros significantes. Y lamento profundamente que algunos ya no estén. Y lamento también que algunos no quieran estar.

La mayoría de las mañanas de mi vida, después de abrir los ojos, agradezco estar viva. No importa a Quién ni a Qué. Agradezco, me alegro, reconozco el milagro que es estar viva. Beso a mis hijos. Me despido hasta de mis mascotas. Casi todos los días de mi vida, entiendo.

Cuando tengo que tomar alguna decisión realmente importante, me pregunto qué haría si fuera lo último que tuviera que hacer. Soy afortunada. Si hoy fuera la última noche de mi vida, SE, sin dudas, sin engañarme, sin vacilar, qué brazos quisiera que estuvieran abrazándome.

Nunca sabemos cuando es nuestra última jugada.

Hoy hubo muchas personas que se fueron de sus casas y tomaron un tren a las 8 de la mañana, minutos más, minutos menos. Hoy hubo muchas personas que jamás imaginaron que estaban viviendo sus últimos minutos. Hoy hubo muchas personas que tal vez no se acordaron de decirle a quienes amaban, cuánto, cuánto, cuánto los amaban.

Hoy hubo muchas personas que vieron irse a sus seres queridos como todos los días. Hoy hubo muchas personas que estaban enojadas, que se habían peleado, que querían reconciliarse, que querían separarse, que querían amarse, que querían gritarse, que querían reprocharse, que querían abrazarse, que querían besarse. Hoy seguramente muchos de los que tomaron ese tren y no volvieron pensaron que tal vez esta noche o mañana o dentro de tres meses iba a ser un buen momento para amar, para hacerle el amor a alguien, para hacerle el amor a la vida.

Hoy seguramente, muchos de los que tomaron ese tren y no volvieron pensaban que “cuando cambie de trabajo”, “cuando me reciba”, “cuando River vuelva a la A”, “cuando me case”, “cuando tenga un hijo”, “cuando salga con fulano”, “cuando viaje”, “cuando me jubile”, “cuando…” lo que sea, iban a poder ser felices, iba a empezar la vida de verdad. Hoy seguramente, muchos de los que tomaron ese tren y no volvieron pensaron que estar en otra ciudad, en otro país, en otro lugar, con otra gente, con otro trabajo, con otra ropa, con otro lo que sea, iba a darles mayor claridad de pensamiento. Hoy seguramente muchos de los que tomaron ese tren y no volvieron creyeron, sincera y profundamente, que el tiempo lo arregla todo, que cambiar de paisaje te hace descubrir milagrosamente a quien amas, que un viaje o un milagro puede llevarte a tu verdad interior, o que “los problemas” te impiden escuchar a tu corazón. Hoy seguramente muchos de los que tomaron ese tren y no volvieron, creían que tenían “toda la vida” para esperar, para resolver, para decirle a alguien que lo extrañan y que lo aman, para decidirse a vivir conforme a sus sentimientos.

Seguramente, muchos de los que NO tomaron ese tren, pero que amaban a quienes si lo tomaron y no volvieron, se quedaron con las ganas de abrazarlos, de besarlos, de decirles que lo o la extrañan, de decirles que lo o la aman, de hacerles el amor una vez más, de dormirse entre sus brazos, de vivir… Hoy, el mundo cambió irremediablemente, irreversiblemente para ellos. Para quienes no volvieron, el mundo, este mundo, ya fue. Imaginalos donde tus creencias prefieran. Pero para quienes se quedaron en esta vida, en esta vía, en este tren, las cosas no vuelven atrás. Se quedarán con sus ganas de abrazarlos, de verlos, de besarlos, de decirles que lo o la extrañan, de decirles que lo o la aman, de hacerles el amor una vez más, de dormirse entre sus brazos, de estar juntos sin hablar, de hacerse compañía, de leer juntos en silencio, de mirarse, de tocarse… Se quedarán con sus ganas de vivir una vida con ellos al lado. Porque ya no están.

Nunca sabemos. Nunca nos avisan cuándo es nuestro último acto.

Lo que no hacés hoy, por las razones que sean, por las excusas que busques, se fue.

Lo que no admitís que SENTIS hoy, se te queda en el tintero, se te escurre, se te va, ahí, justo en el deslinde entre la vida, entre lo que pudo ser y lo que vos decidís que no sea.

Inventate las excusas que quieras. Hacete una Keynote, una Prezzi o un Power Point. Hacete un dibujo, un cuadro sinóptico, vendételo, comprátelo, creételo. Contate la historia que prefieras. Mentite si querés seguir mintiéndote. Pero algo te dice, y no vas a poder callar nunca esa voz ni ese sentimiento, algo te dice que lo que no viviste hoy no lo vas a volver a vivir jamás.

A veces la vida nos da revancha, y nos despertamos, abrimos los ojos, y nos damos cuenta que estamos vivos. A veces la vida nos da revancha y podemos abrazar a quien tenemos al lado. A veces la vida nos da revancha y podemos llamar a quien amamos, podemos mandarle un mensaje, podemos decirle, simple y sencillamente un “te quiero”, un “te extraño”, un “te amo”. A veces la vida nos da revancha y nos permite mirar y escuchar nuestro corazón y admitir que aunque el mundo se nos vuelve en contra, aunque la plata no nos alcanza, aunque todo se complica, aunque no sabemos por dónde empezar, aunque no sabemos cómo hacer, lo que SENTIMOS es lo único que importa y que no podemos seguir mintiéndonos y tenemos que permitir que la ficha caiga. A veces la vida nos da revancha y hasta podemos decirlo y compartirlo.

Otras no.

Hoy hay muchas personas que no tuvieron revancha.

¿Qué harías hoy si fuera tu último acto?

Pensalo, vale la pena.

Nadie te va a avisar cuando sea tu último acto.

Nadie te va a avisar cuando sea el último acto de quienes amas.

A veces hay revancha. Otras, no.

A veces el tren pasa una sola vez…