La “realidad” es eso que vamos construyendo segundo a segundo…

Algunos acontecimientos de la vida que nacen como hechos extraordinariamente positivos terminan siendo desastrosos. Otros, que parecen las siete plagas de Egipto, pueden llegar a generar frutos benéficos y al final, son valorados como verdaderas bendiciones.

No podemos adelantarnos a decretar cómo es algo, ni a valorarlo con un signo + o – hasta no verificar las consecuencias que trae consigo. Un mínimo cambio, un pequeño desplazamiento, termina produciendo alteraciones gigantescas… lo que generalmente se conoce como “efecto mariposa”: según J. Gleick, “si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín una mariposa, puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene”.

¿Cómo saber entonces en qué terminara algo y con qué consecuencias? Dentro del tablero de la vida hay muchas posibilidades. Lo que es seguro es que cuando elegimos algo, estamos desechando un montón de otras alternativas, y con ellas, muchas miles de variables que se van abriendo como abanicos. Un mínimo cambio, una “nimiedad”, puede generar consecuencias insospechadas.

No nos apresuremos a catalogar “esto es bueno” o “esto es malo”. Vivamos la vida teniendo en cuenta que la realidad siempre depende de la perspectiva desde la cual la miremos y que cuando modificamos un poquito nuestra posición, veremos las cosas de otra manera. Y si además, incluimos distintas variables, otros filtros, otros colores, la realidad parecerá también cambiar.

No hay verdades objetivas, la realidad la vamos creando paso a paso a medida que vivimos. Somos lo que pensamos y lo que sentimos. Por eso, es importante tratar de escuchar nuestras cuerdas interiores para tratar de que lo externo vibre en armonía. Hay que escuchar nuestro corazón, nuestra alma, nuestro espíritu, nuestra conciencia o como queramos llamar a nuestra esencia, prestarle más atención, intentar determinar dónde nos sentimos más centrados y, fundamentalmente, tratar de no vivir ficciones innecesarias.

A veces vivir de acuerdo a los sentimientos y alejarnos de las ficciones es doloroso. Pero absolutamente necesario para crecer y acercarnos un poco más a ese sentimiento de bienestar interior y de tranquilidad que nos hace saber que estamos viviendo conforme a lo que verdaderamente sentimos y no siguiendo destinos ajenos. Esa independencia de espíritu tiene que ver con la capacidad de tomar decisiones por sí mismo y asumiendo la responsabilidad que se deriva. Nadie va a vivir nuestra vida por nosotros… y minuto a minuto avanzamos sin que haya posibilidad de volver atrás ni de recuperar cada instante que va pasando. A lo sumo podemos resignificar nuestro pasado, pero en definitiva, lo único que tenemos es el aquí y ahora y la posibilidad de tratar de transformar cada minuto  en algo valioso e irrepetible, sin dejar cuentas pendientes.


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