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Hay cosas (situaciones, circunstancias, sentimientos) que no podemos cambiar.

Hay cosas que no dependen de nosotros.

Hay cosas que no podemos superar.

Hay cosas que son una quimera.

Pero podemos aceptarlas.

Podemos aprender a vivir con ellas.

El camino de la menor resistencia es la no-resistencia.

Intentar olvidar es el camino de la máxima resistencia.

Hay que llevar con valentía los acontecimientos de la vida, sus desafíos.

Saberse no querido, dejado de lado, ignorado, no nos dice nada de nosotros, nos habla de preferencias de los demás.

Ahí quizás el desafío sea aprender a vivir sabiendo que, aunque no nos quieran, somos valiosos. Y que incluso así, tenemos que aprender a sostener lo que sentimos sin resistirnos, sólo abocándonos al duelo.

No se duelan solo a los muertos reales, a aquellas personas que dejaron de vivir. Los sentimientos, los sueños, las emociones, las ilusiones, los recuerdos, todo eso que alguna vez sentimos o que seguimos sintiendo, también deben ser duelados cuando llega el momento de confrontarnos con una verdad que nos dice que hicimos todo y que ya nada depende de nosotros.

Sólo así podemos reconciliarnos con nosotros mismos y curarnos.

Cuando nos engañamos, tendemos al fracaso, a repetir, sin recordar, sin elaborar.

No se trata de conformarmos. No se trata de dejar de luchar por nuestros sueños. Se trata de aceptar los límites que otras personas o que las circunstancias nos imponen, deponiendo así nuestra omnipotencia. A veces, cuando las cosas no dependen sólo de nosotros, tenemos que aceptar esos límites.

Duelar lo que fue es dificil. Duelar lo que sigue vivo en nuestro interior es más dificil todavía y doloroso, porque es una parte de nosotros mismos a lo que tenemos que renunciar, lo que tenemos que reconocer como algo que pereció o que necesita perecer. Cuesta desprenderse de alguien, pero más cuesta desprenderse y desapegarse de nuestros propios sentimientos, porque son parte de nosotros mismos, porque es algo de nosotros lo que está muriendo.

Pero sin un duelo las heridas que nosotros mismos nos causamos, no cierran.

Y es necesario cerrar heridas para seguir viviendo y creyendo.

Construir un futuro feliz, o un futuro mejor, no depende totalmente de nosotros, pero en gran parte sí. Evaluando nuestro presente podemos corregir el rumbo. Enfrentando el hoy e intentando que nuestro aquí y ahora sea lo mejor posible también construimos futuro. Y en realidad, lo único que tenemos es el hoy, el presente, ya que el futuro cuando llega es hoy.

Duelar lo que se muere, aunque sea doloroso, nos conduce a un presente mejor.

Aunque tengamos que gastar papel, tinta y palabras para convencernos…


One thought on “

  1. buenos dias,
    estoy de acuerdo con tus palabras q todo tiene un duelo, pero entiendo q ese duelo tiene q tener un limite en ciertas circunstancias, no es lo mismo el duelo de la muerte de un ser amado q lo recordaremos eternamente pensando en la felicidad q nos brindo, no es lo mismo el duelo de la muerte de un ser amado o ya no en vida, y creo q ahi esta el tema, todo en la vida tiene un limite, un limite q lo ponemos nosotros y nadie mas q nosotros, seres individuales y unicos, de nosotros depende la felicidad individual y unica, de nosotros depende poner el limite en todooooooo si en todoooooo, creo q de esa manera podremos ser felices o no, no es facil, pero no es imposible, tarea diaria q a veces nos encuentra con bajas defensas, pero eso es solo momentaneo, tenemos que valorarnos mas, aun mas todos los dias, y saber decir NO …

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