Pruebas

estrella-de-belenLa Nochebuena celebra la “buena nueva”, una buena noticia que tuve que adaptar a mi propia forma de pensar para entenderla, ya que nunca me sedujo un dios que manda al muere a su propio hijo. Nunca me pareció entendible esa “prueba” del amor del Todopoderoso. Al ser madre, directamente me pareció algo perverso. Nunca mandaría a morir a mis hijos, iría yo misma a la batalla. Nunca entendí que mandar a morir a un hijo sea un acto de amor.

La forma que tengo de entender la Nochebuena es pensando en el nacimiento de ese ser tan excepcional que dejó un legado válido hasta hoy, más allá de las religiones y las creencias. Y el testimonio de su paso por este mundo nos habla del amor. Del amor que no necesita pruebas ni sacrificios. Del amor que da vida.

Nunca discuto sobre religión; es una cuestión de fe y de dogmas que debe respetarse. Lo que voy a decir es una mera observación: algunas religiones nos hablan de los sacrificios y de las ofrendas, de las pruebas que todo el tiempo hay que dar para demostrar nuestro amor y nuestra fe.

Nunca me pareció necesario que Jesús muriera en la cruz para creer en el amor que tenía por toda la Humanidad.

¿Podemos vivir dando y exigiendo pruebas del amor que sentimos todo el tiempo?

No me parece.

El amor es algo que se siente tan claramente en el alma que cualquiera dispuesto a no mentirse sabe cuando ama, y también sabe cuando es amado.

Y para eso no hace falta ninguna prueba.

El amor habla por sus propios efectos. Y es evidente que para sentirlo necesitamos algunas veces claras demostraciones. Pero eso no implica ser como bolsas rotas que nunca se llenan, con una demanda de amor voraz y despiadada, que permanentemente necesite una y otra y otra prueba más. No estoy tan segura que eso sea amor.

No es necesario que nadie muera en la cruz para que nos demuestre que nos ama.

No debería ser así.

El amor es cuidar. Y cuidar es poner el centro en el otro sin exigencias desmedidas.

Así entiendo la buena noticia de la Nochebuena. Una buena noticia que nos convoque a pensar en un amor sin tanta demostración, sacrificios ni crucifixiones y con menos egoísmo y más paz.

Una Nochebuena que nos invite a escuchar al corazón y a despojarnos un rato, bajando las defensas, las caretas, los disfraces y nuestra propia persistencia en el autoengaño. Y sin mentirnos poder decirnos sin angustia y sin ansiedades, a quien amamos y quien nos ama.

Una Nochebuena de amor y no de pruebas.

Feliz Nochebuena y mucho amor para todos!


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