No siempre es fácil seguir los consejos de los gurúes

FullSizeRender-3Presuponemos todo el tiempo. Creemos que sabemos lo que piensan los demás. Sacamos conclusiones sin ningún elemento cierto, sólo porque “sabemos” que es así. Y en la mayoría de los casos es para alimentar el sufrimiento: suponemos que nos ven feos, que los demás creen que no sabemos, que no podemos, que no valemos. Y formamos una creencia en nuestra mente, sin saber realmente lo que el otro piensa o siente.

A veces, lo que el otro piensa en realidad ni siquiera importa. Pero ese mecanismo que activamos en forma automática y del que es muy difícil salir nos hace mucho daño. Porque generamos una realidad paralela en la cual le adjudicamos pensamientos o sentimientos a otras personas. Y por lo general esos pensamientos que les adjudicamos tienen que ver con una forma de vernos a nosotros mismos absolutamente negativa. Y eso, sea o no verdad, nos hace daño. Porque es muy fácil engañar al cerebro con nuestras fantasías.

También es fácil decir que en vez de crearnos nuestras propias hipótesis y fantasías tenemos que preguntarles a los demás. Pero no siempre se puede. Detrás de esas espirales de pensamientos y sufrimientos hay mucho miedo, hay mucha angustia. El camino más simple obviamente es poder preguntarle al otro: “me querés?”, “estás saliendo con otra persona?”, “qué pensás de mi trabajo?” y muchas preguntas más. Pero no siempre lo simple es lo fácil. Me molesta mucho leer consejos que son absolutamente valederos y tremendamente eficaces pero dando por sentado que cualquiera puede ponerlos en práctica con sólo leerlos.

No todas las personas que hacen terapia quieren saber por qué funcionan en ellos estos mecanismos autodestructivos. Hay muchas personas que no quieren saber nada de nada. Y tienen derecho. Y como psicólogos debemos respetar esa decisión. Hay muchas personas que lo único que quieren es dejar de sufrir. Cuando alguien viene a consulta el interés tiene que ser el interés de la persona, no lo que nosotros queremos lograr como psicólogos.

Los psicólogos no hacemos magia. Dirigimos un camino. Ayudamos a encontrar las herramientas que todas las personas tenemos en nuestro interior para salir adelante. Y debemos respetar a las personas que se sientan frente a nosotros y llegar sólo hasta donde quieren llegar. Bajarnos de la soberbia.

Cortar con esos pensamientos recurrentes no es fácil, pero se puede. Como todo, a veces lleva mucho trabajo, a veces menos. Pero el trabajo puesto en nosotros mismos es el que mejores beneficios nos va a dar. No podemos cambiar a los otros, pero podemos cambiar nosotros y elegir no sufrir.


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