Crecer, fluir, cambiar

Desde que tengo memoria tuve una particular “habilidad”: transformar lo que me gusta hacer en un trabajo. Puede parecer algo muy conveniente, de hecho, me permitió y permite tener cosas materiales y disfrutar momentos con las personas que amo. Pero la vida no es sólo trabajo, no debe serlo, hay que hacer cosas sólo por diversión, sólo por placer y que eso no se convierta en un trabajo. Y desconectar.

Es algo obvio para vos? Bueno, yo sólo lo digo de la boca para afuera. Pero hasta hace unos días, no lo practicaba. Porque me gusta tanto trabajar en lo que trabajo que no parece un trabajo.

Hay un dicho español que dice “muriendo y aprendiendo”. Y si, de eso se trata la vida, se trata de no dejar de crecer en ningún momento, y se trata de permitirse fluir y cambiar. Y corregir el rumbo cuantas veces haga falta.

A veces aparecen avisos en el camino, indicadores, señales que te alertan que si o si tenés que cambiar el rumbo. Hoy puedo reconocer esos aspectos empecinados, caprichosos y autodestructivos que me llevaron a querer torcer todas las señales que se me presentaron y seguir adelante como una topadora haciendo lo que yo entendía que debía hacer.

Pero… la vida fluye, te deja seguir adelante hasta que te sienta de culo y te pone en el rincón, knock out. Y ya no te quedan opciones: aprendés o aprendés. Cambiás o cambiás.

Bueno, yo estoy en ese momento.

Así que parece que tengo mucho para aprender y tengo mucho para dejar fluir. Mucho para soltar definitivamente, mucho para crecer y mucho para disfrutar.

Un día tiene 1440 minutos. Me propuse que cada minuto tenga un sentido que no tenga que ver solo con el trabajo. Y voy a tener que deconstruir mucho y aprender, porque disfruto trabajando, produciendo y generando. Pero siempre termino derrapando. Hoy estoy aprendiendo a ponerme límites.

Me cuesta mucho.

Quiero aprender a hacer lo que se me antoja y que lo que se me antoje no sea sólo trabajar.

Por eso volví a mi blog, porque antes escribir acá era un ejercicio liberador, y hoy siento que después de tantos años, puedo volver a escribir, si tengo ganas, y cuando tenga ganas.

Y escribirlo y contarlo y dejarlo expuesto me ayuda a comprometerme conmigo misma. A veces no permitirse disfrutar y sólo ocuparse que el resto del mundo esté bien, es una adicción. Así que, si, estoy en tratamiento.

Confío que el tratamiento llegó a tiempo. Voy a ir un día a la vez a ver qué onda.

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