Vivir aquí y ahora

Si tuviera que identificar algunas de las principales razones por las cuales las personas llegan a consulta diría que, detrás de cada historia siempre están: la depresión por lo que ya fue y la ansiedad por lo que todavía no es. Pasado y futuro. Los problemas son de hoy, pero la mente vuela al pasado o al futuro y evita el aquí y ahora. El Hoy implica toma de decisiones. El Hoy es afrontar. El Hoy es aceptar. El Hoy es ponerse en marcha y hacer cosas para cambiar lo que no nos gusta. El Hoy es salir del lugar de la víctima o de la queja. El Hoy es animarnos a disfrutar en lugar de seguir sufriendo.

Piedras en el camino

La persona instalada en la queja solo sabe de su queja. Se queja de su trabajo y, cuando puede cambiarlo, al tiempo todo vuelve a ser lo mismo. Se queja de su pareja pero se queda en esa relación tormentosa. O termina y cuando vuelve a comenzar otra relación, al tiempo las cosas parecen un calco de las ya vividas. La persona instalada en la queja vive en ciclos que se repiten. La buena noticia es que se puede salir de esos ciclos. Y que se puede vivir de una forma mas constructiva y piadosa con nosotros mismos.

Exámenes

Vivir conformando a todos y tratando de ser alguien distinto a quienes somos es agotador. La mente se cansa y se cansa el cuerpo. Nos enfermamos. Es un esfuerzo titánico. Tenemos que poner el esfuerzo en abrir un espacio para preguntarnos si vale la pena o si estamos pagando un precio muy muy alto.

No siempre es fácil seguir los consejos de los gurúes

FullSizeRender-3Presuponemos todo el tiempo. Creemos que sabemos lo que piensan los demás. Sacamos conclusiones sin ningún elemento cierto, sólo porque “sabemos” que es así. Y en la mayoría de los casos es para alimentar el sufrimiento: suponemos que nos ven feos, que los demás creen que no sabemos, que no podemos, que no valemos. Y formamos una creencia en nuestra mente, sin saber realmente lo que el otro piensa o siente.

A veces, lo que el otro piensa en realidad ni siquiera importa. Pero ese mecanismo que activamos en forma automática y del que es muy difícil salir nos hace mucho daño. Porque generamos una realidad paralela en la cual le adjudicamos pensamientos o sentimientos a otras personas. Y por lo general esos pensamientos que les adjudicamos tienen que ver con una forma de vernos a nosotros mismos absolutamente negativa. Y eso, sea o no verdad, nos hace daño. Porque es muy fácil engañar al cerebro con nuestras fantasías.

También es fácil decir que en vez de crearnos nuestras propias hipótesis y fantasías tenemos que preguntarles a los demás. Pero no siempre se puede. Detrás de esas espirales de pensamientos y sufrimientos hay mucho miedo, hay mucha angustia. El camino más simple obviamente es poder preguntarle al otro: “me querés?”, “estás saliendo con otra persona?”, “qué pensás de mi trabajo?” y muchas preguntas más. Pero no siempre lo simple es lo fácil. Me molesta mucho leer consejos que son absolutamente valederos y tremendamente eficaces pero dando por sentado que cualquiera puede ponerlos en práctica con sólo leerlos.

No todas las personas que hacen terapia quieren saber por qué funcionan en ellos estos mecanismos autodestructivos. Hay muchas personas que no quieren saber nada de nada. Y tienen derecho. Y como psicólogos debemos respetar esa decisión. Hay muchas personas que lo único que quieren es dejar de sufrir. Cuando alguien viene a consulta el interés tiene que ser el interés de la persona, no lo que nosotros queremos lograr como psicólogos.

Los psicólogos no hacemos magia. Dirigimos un camino. Ayudamos a encontrar las herramientas que todas las personas tenemos en nuestro interior para salir adelante. Y debemos respetar a las personas que se sientan frente a nosotros y llegar sólo hasta donde quieren llegar. Bajarnos de la soberbia.

Cortar con esos pensamientos recurrentes no es fácil, pero se puede. Como todo, a veces lleva mucho trabajo, a veces menos. Pero el trabajo puesto en nosotros mismos es el que mejores beneficios nos va a dar. No podemos cambiar a los otros, pero podemos cambiar nosotros y elegir no sufrir.

Ni bueno ni malo

Solemos apresurarnos en calificar los hechos de nuestra vida como “buenos” o “malos”. Y al visualizarlos como “buenos” o “malos”, nuestros estados de ánimo cambian. Si pensamos que algo es “malo” vamos a tender a sentirnos “mal” y lo mismo pasa cuando miramos algo como “bueno”. Y sin embargo hay que tomarse un tiempo, poner una pausa, y dejar que las cosas vayan evolucionando hasta observar sus efectos. Algunos hechos “malos” pueden terminar siendo disparadores de grandes procesos de cambio que traen cosas “buenas”. Podemos elegir sentirnos mal o podemos elegir aceptar el desafío de ser actores protagonistas de nuestra vida y transformadores de cualquier situación en algo mejor.

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Decisiones

Cuando deseamos algo importante y no nos animamos, ya sea cambiar de carrera, de trabajo, empezar o terminar una relación, etc, ese anhelo queda en nosotros con la forma de una pregunta: “qué hubiera pasado si…?”. Como las posibles respuestas son tantas como lo permita nuestra imaginación, pero nunca lo podremos saber, la pregunta seguirá ahí, clavada en algún lugar de nuestro ser. El arrepentimiento es la forma que toma esa pregunta sin respuesta. En cambio, las cosas que hicimos, aunque hayan tenido resultados distintos a los esperados, nos saca de la incertidumbre, nos permite analizar qué podríamos haber hecho distinto, nos hace aprender y crecer. Una de las peores vivencias del ser humano es la incertidumbre, porque genera ansiedad y angustia. Pensemos, evaluemos, analicemos y tomemos decisiones! 

Aventura

El pasado no se puede cambiar, pero si podés resignificarlo. La buena noticia es que cada día, cuando abrís los ojos, tenés una nueva oportunidad.

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Aprendamos a decir “no”

Lleva tiempo. Cuesta. Siempre encontramos buenas razones para decir “si” cuando queremos decir “no”: miedo a perder el trabajo, miedo a que un amigo se enoje, miedo a que tu pareja te deje, miedo a que tu hijo/a no te quiera. Pensamos que evitamos una tormenta afuera pero desatamos un huracán dentro nuestro…

aprender a decir no

Cuerpo y mente

Pensar que la mente y el cuerpo son dos entidades distintas es difícil, pero sin embargo así se los ha segmentado y así solemos tratarlos. La mente habita en el cuerpo y se influyen recíprocamente. Por eso es indispensable el cuidado de ambos para lograr un bienestar sostenible y duradero.

Frenar los pensamientos destructivos

Hay momentos en que pensar se transforma en nuestra actividad principal. Eso no es bueno ni malo. Puede ser un pensamiento creativo, fantasías agradables o proyectos. Pero cuando pensar nos hace sufrir y nos hace doler, tenemos que aprender a detectar y frenar esas espirales dañinas que nos llenan de dolor. Y distinguir que lo que ocurre en nuestro pensamiento a veces no es lo que pasa en el mundo exterior, pero igual nos hace sufrir.