Nativos digitales

Tal vez hayan escuchado o leído ya el término “nativo digital”. Este término se ha puesto en boga para distinguir la diferencia existente entre aquellas personas que nacieron en un ámbito donde el uso de internet y otras TICs era algo habitual, y quienes incorporaron su uso con posterioridad. Vamos a señalar algunas cuestiones que distinguen a un nativo digital.

Los nativos digitales no “usan” la tecnología, sino que la tecnología integra su vida de forma natural. No se cuestionan cómo funciona una computadora personal, sino que usan sus herramientas. No preguntan cómo funciona ni qué es Internet, usan sus recursos, los cuales forma parte de su vida.

Los nativos digitales no tienen una identidad “real” y una identidad “digital”, ya que no viven la diferencia entre lo “real” y lo “digital”. Lo digital forma parte de su identidad global, que incluye a la actividad que llevan a cabo en los medios digitales.

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Energizantes… ¿o estimulantes?

En los últimos tiempos hemos visto como se han instalado varias marcas de bebidas “energizantes” en el mercado. También podemos reconocer que su consumo prolifera especialmente entre los jóvenes, ya sean solos o mezclados con distinto tipo de bebidas alcohólicas.

¿Qué son los “energizantes”? Se trata, en realidad, de estimulantes, ya que presentan una altísima concentración de cafeína, un estimulante del sistema nervioso por excelencia, que no es exactamente lo mismo. Muchos de ellos carecen en su composición de suplementos que resulten directamente beneficiosos para la nutrición y la salud. También hay que diferenciarlos de las bebidas deportivas, que sí cuentan con una composición idónea para reponer minerales y otros elementos a quienes realizan prácticas de alta competición.

Uno de los argumentos de marketing que se utiliza para promocionar estas bebidas es que son capaces de proporcionar vitalidad y energía en forma inmediata, a tal punto que incluso alguno “te da alas”. El componente más importante que poseen es la cafeína, un estimulante del sistema nervioso que, bebido en altas dosis, también provoca dependencia física y psíquica.

Podemos decir que estas bebidas son “desfatigantes”, en lugar de “energizantes”: no impiden que se produzca la fatiga, sino que hacen que quien las toma NO SIENTA CANSANCIO. Como vemos, es diferente, porque el organismo se cansa, pero la cantidad abrumadora de cafeína que recibe impide que el cansancio se perciba. Y el cansancio es una señal de alarma del organismo para inducir al descanso. Si esta señal falta, el organismo es engañado.

Para el investigador en epidemiología psiquiátrica del Conicet, Hugo Míguez, “las energizantes son sólo el principio para la adicción a otras sustancias”. El riesgo no sólo reside en su toxicidad farmacológica (combinadas con alcohol o con anfetaminas pueden afectar el sistema cardiovascular) sino en la toxicidad del estilo de vida que les están imponiendo a los adolescentes y los jóvenes. “Implican una propuesta de aceleración, descontrol y rendimientos anormales, que está impulsada por un mercado de adultos que buscan lucro”.

Obviamente, los fabricantes de estas bebidas sostienen que no tienen efectos adversos y que “neutralizan” la borrachera. Lo cierto es que estas bebidas impiden que la sensación de fatiga se presente, por lo tanto quienes las consumen no se percibe cansado ni aletargado. Esto posibilita que se continúe con la ingesta alcohólica en dosis mayores a quien no combina con una bebida de este tipo. Muchos de los casos de coma alcohólico se dan propiciados por estas circunstancias.

El marketing engañoso dirigido a nuestros hijos jóvenes pretende convencerlos que estas bebidas proporcionan vitalidad y energía en forma inmediata. Nosotros, como padres, tenemos que tener claro que NO SON BEBIDAS ENERGIZANTES, ya que ninguno de sus componentes ofrece beneficios suplementarios para la nutrición y la salud que redunde en un aporte mayor de energía al organismo. Leamos la composición química en sus envases: si el principal componente es la cafeína, tendremos la certeza que se trata de un estimulante.

Tengamos en cuenta los transtornos por la mezcla de bebidas energizantes y alcohol: Cuando se ingiere bebidas energizantes con alcohol no se percibe la sensación de cansancio físico y mental, provocando deshidratación grave y sobreesfuerzo del corazón porque se ocultan las señales de fatiga del cuerpo, ocasionando graves trastornos cardiológicos, como hipertensión, infarto de corazón y muerte súbita.

Las bebidas energizantes neutralizan los efectos depresores del alcohol, enmascarando los síntomas de la borrachera. De esta manera los jóvenes continúan bebiendo alcohol pudiendo llegar a una intoxicación peligrosa sin darse cuenta.

Dra. Inés Tornabene

Abogada – Psicóloga

Algunos datos que tenemos que conocer sobre el alcohol y el éxtasis

Alcohol 
El alcohol es la droga más consumida en nuestro entorno sociocultural, de la que más se abusa y la que más problemas sociales y sanitarios causa (accidentes de tráfico y laborales, malos tratos, problemas de salud, alcoholismo, etc.).
Es un depresor del sistema nervioso central que adormece progresivamente el funcionamiento de los centros cerebrales superiores, produciendo desinhibición conductual y emocional. No es un estimulante, como a veces se cree: la euforia inicial que provoca se debe a que su primera acción inhibidora se produce sobre los centros cerebrales responsables del autocontrol. Las bebidas alcohólicas se clasifican básicamente en dos grupos, en función de su proceso de elaboración:

Bebidas fermentadas: Proceden de la fermentación de los azúcares contenidos en diferentes frutas (uvas, manzanas, etc.) Son característicos de este grupo la cerveza, la sidra y el vino. Su graduación alcohólica oscila entre 4º y 12º. Su descubrimiento fue casual, como resultado de la putrefacción natural de frutas almacenadas. 
Bebidas destiladas: Resultan de la depuración de las bebidas fermentadas, para obtener mayores concentraciones de alcohol. Se trata de bebidas como el vodka, la ginebra o el ron, y oscilan entre 40º y 50º. La destilación fue inventada en el siglo VII por los alquimistas árabes, de quienes procede le nombre de la sustancia al-kohl. 
Los efectos del alcohol dependen de diversos factores: 

La edad (beber alcohol mientras el organismo todavía se encuentre madurando es especialmente nocivo) 
El peso (afecta de modo más severo a las personas con menor masa corporal) 
El sexo (por factores fisiológicos, la tolerancia femenina es, en general, menor que la masculina) 
La cantidad y rapidez de la ingesta (a más alcohol en menos tiempo mayor intoxicación) 
La ingestión simultánea de comida (el estómago lleno, sobre todo de alimentos grasos, dificulta la intoxicación) 
La combinación con bebidas carbónicas (tónica, Coca-Cola, etc.) que aceleran la intoxicación 
En función de la dosis, pueden experimentarse diversos efectos: 

Desinhibición 
Euforia 
Relajación 
Aumento de la sociabilidad 
Dificultades para hablar 
Dificultad para asociar ideas 
Descoordinación motora 
Efectos fisiólogicos: Los efectos del alcohol dependen de la cantidad presente en la sangre (tasa de alcoholemia, medida en gramos por litro de sangre): 

0.5 g/l: euforia, sobrevaloración de facultades y disminución de reflejos
1 g/l: desinhibición y dificultades para hablar y coordinar movimientos
1.5 g/l: embriaguez, con pérdida del control de las facultades superiores 
2 g/l: descoordinación del habla y de la marcha, y visión doble 
3 g/l: estado de apatía y somnolencia 
4 g/l: coma 
5 g/l: muerte por parálisis de los centros respiratorio y vasomotor 
Las patologías que pueden tener relación con el abuso de alcohol son: 

Músculos: miopatía aguda o crónica 
Sistema Nervioso: polineuropatía alcohólica, neuritis óptica, encefalopatía de Wernicke, psicosis de Korsakov 
Estómago/Esófago: gastritis crónica y aguda, reflujo gastroesofágico, pirosis y vómitos, carcinoma esofágico 
Cardiovascular: hipertensión arterial, arterioesclerosis, miocardiopatía alcohólica 
Hígado: esteatosis hepática, hepatitis alcohólica, cirrosis alcohólica 
Páncreas: pancreatitis aguda y crónica 
Intestino: Deficiencias nutricionales, cuadros diarreicos y de mala absorción 
Genitales: disminución de la libido, impotencia, atrofia testicular, infertilidad 
El alcohol actúa ‘inhibiendo al inhibidor’ de tal forma que cuando se actúa bajo sus efectos es muy probable que no se adopten las medidas preventivas al tener relaciones sexuales (uso de preservativo), con lo cual aumenta el riesgo de infección por el VIH. El consumo de alcohol está asociado a conducción temeraria e imprudente, por lo que muchos accidentes de tráfico se deben a que los conductores habían bebido por encima de los niveles tolerados por las leyes. También se asocia con reacciones violentas.

Éxtasis

El nombre químico del éxtasis es MDMA o metilendioximetanfetamina, aunque las pastillas de la calle suelen estar adulteradas con otras sustancias como el MDA o MDEA que son muy peligrosas. Pertenece a la familia de drogas estimulantes.

Dan lugar a una experiencia mixta entre la estimulación y la percepción alterada, por lo que se las ha comparado con una mezcla de anfetaminas y un alucinógeno llamado mescalina.

Entre sus efectos psicológicos podemos destacar: 

Sociabilidad 
Empatía 
Euforia 
Sensación de autoestima aumentada 
Desinhibición 
Deseo sexual aumentado 
Locuacidad 
Inquietud 
Confusión 
Agobio 
Entre los efectos fisiológicos, tenemos: 

Taquicardia, arritmia e hipertensión 
Sequedad de boca 
Sudoración 
Contracción de la mandíbula 
Temblores 
Deshidratación 
Aumento de la temperatura corporal (hipertermia)

Hay personas que son especialmente sensibles al éxtasis y hasta una dosis muy pequeña puede producirles consecuencias muy graves, e incluso desencadenar la muerte.
Si se mezcla con alcohol, el riesgo de sufrir una mala reacción aumenta enormemente; es potencialmente mortal en caso de padecerse hipertensión, problemas de corazón, epilepsia, asma o se está cursando un embarazo o tomando antidepresivos.

Su consumo también puede provocar crisis de ansiedad, trastornos depresivos o desencadenamientos psicóticos. 


Los riesgos asociados al consumo de éxtasis en los ambientes congestionados en los que a menudo tiene lugar, y bajo las condiciones de baile intenso a los que se asocia, suele provocar:

Aumento severo de la temperatura corporal (hipertermia maligna)
Arritmia
Convulsiones
Insuficiencia cardiaca
Coagulopatía
Hemorragias, trombosis e infartos cerebrales
Insuficiencia hepática

M. Inés Tornabene
Abogada – Psicóloga