Nick Hamilton: parálisis cerebral + automovilismo

Lewis Hamilton es el piloto de Fórmula 1 que ostenta el record de ser el campeón más joven de la historia. Nick es su hermano, y recientemente ha sido noticia en el mundo del automovilismo por haber anunciado su ingreso en las pistas inglesas.

No sería el primer caso de hermanos dedicados al mismo deporte. El mismo supercampeón Michael Schumaher ha compartido pista con su hermano. La sorpresa radicó en que el jóven de 19 años tiene problemas en su psicomotricidad debido a una parálisis cerebral. A pesar de eso, se decidió a iniciar su propia carrera deportiva, inspirada en haber admirado siempre a su hermano Lewis.

“Me encanta el automovilismo desde niño y ver a mi hermano destacarse me inspiró para iniciar mi propio camino. Sé que no será fácil, pero espero que mi caso sirva de inspiración para otras personas que tiene problemas en sus vidas”, dijo Nick, que correrá en la Copa Renault Clio (categoría que acompaña al BTCC).

Anthony, su padre, se mostró orgulloso por su determinación. “Nick siguió la campaña de su hermano desde siempre y es lógico que él también quiera verse detrás del volante de un auto de carreras. Esta categoría le ofrecerá una gran plataforma para él”.

Lee Brookes, responsable del equipo Total Control Racing para el que correrá Hamilton, también está entusiasmado con el proyecto. “Nick tiene mucha pasión por el automovilismo, por eso es un gran honor que corra para nosotros”.

Foto y fuente: Revista Corsa

Algunos apuntes sobre la falsa dicotomía “mente-cuerpo”

La formulación cartesiana “pienso, luego existo”, con su noción de una mente incorpórea, que piensa, razona y emite juicios en forma independiente del cuerpo, ha dado lugar a muchos análisis y debates. A poco que pensemos que todos los pensamientos se originan en un cerebro que los pre-existe, la idea parecería remitirnos a una visión del ser como un organismo fragmentado, dividido, propio de algunas patologías y típico en algunos mecanismos de defensa, donde parece el organismo ir por un lado y la psique por otra, donde lo que se espera es un ser íntegro, biológicamente complejo, con relaciones que van y vienen interdeterminándose. Feedback permanente entre la mente y el cuerpo. No hay pensamiento sin un ser pensante. No hay sonido en el bosque, por más que se caigan todos los árboles, sin un receptor que pueda decodificar las ondas.

La esencia del ser humano, del sujeto, no debería ser la escisión, sino la unidad. “Somos y después pensamos, y pensamos sólo en la medida que somos, porque las estructuras y operaciones del ser causan el pensamiento“, sostenía Antonio Damasio en “El error de Descartes. La razón de las emociones”. Lo contrario trae aparejadas muchas consecuencias, algunas de las cuales son complejas.

Algunos ejemplos los podemos ver en la clínica de la discapacidad, donde, a poco de ¿andar? la realidad sale a interrogarnos en primer plano sobre lo singular de un cuerpo y un organismo. “Si la singularidad es puesta en escena por el sujeto, es que ésta ha advenido por operatorias que subvierten el orden puramente biológico. Las dimensiones, las del cuerpo que no coinciden con el ordenamiento anátomo-fisiológico“, y siguiendo con Alicia Fainblum: “Marcas en el cuerpo, marcas significantes que hacen a la estructuración subjetiva a la par que al armado del cuerpo, que en tanto repersentado adquiere estatuto subjetivo“. ¿Donde se aloja el “pienso”? ¿En el cuerpo? ¿En el organismo? No son lo mismo, y la consecuencia es que donde hay sólo organismo y no cuerpo, no hay sujeto, hay un objeto, objeto de Otro, otro u otros, “objetitos”, “paquetitos” amaestrados al servicio del deseo de los demás, y no de los suyos propios.

Para pensar, tengo que existir. Y para existir, no ya en la acepción biológica, sino en el sentido de ser un ser humano y no una cosa, tengo que surgir como sujeto. Y donde más pienso y racionalizo, donde más murallas intelectuales levanto, por lo general, más logro esconderme.

Cuando nacemos, inacabados, inmaduros, no tenemos noción del ser-no ser, del yo-no yo, del dentro-fuera. Será con el juego del contacto con el cuerpo de aquel que cumpla el rol materno que el bebé empezará a percibir sus propias sensaciones. Ese manojo de pulsiones es un puro organismo, no un “cuerpo”. Será el deseo de ese Otro que lo contiene lo que posibilitará, fundacionalmente, que ese organismo se transforme en un niño con un cuerpo. Y deberá luego ese niño apropiarse de ese cuerpo, sostenido por la mirada de otro que lo acepte como es. Completo y no fragmentado.  Lacán, en 1975, dice “el cuerpo adquiere peso por vía de la mirada“.

Pienso, luego existo, me remite a que la mente va por un lado, y el cuerpo por el otro. Y cuando la mente sufre, las marcas en el cuerpo no tardan en aparecer. Y cuando el cuerpo sufre, la mente también se altera. Lacán trabajó sobre la fórmula cartesiana y donde Descartes dijo “pienso, luego existo”, Lacan propuso “Soy donde no pienso, y pienso donde no soy”, aludiendo al sujeto del inconsciente, donde lo más verdadero del sujeto surge, precisamente, de las manifestaciones de su inconsciente.

Pienso… luego existo. Pienso, luego soy, pero ¿qué soy? ¿sólo una mente que piensa? Me sigo quedando con el anudamiento de lo real, lo simbólico y lo imaginario.. nudo borromeo que le dicen.

“Ahí donde no estoy

sigo siendo

en el reflejo

de tu mirada

que sin saberlo

todavía me busca…”