Algo…

Pocos momentos hay en la vida tan serenos y livianos como el posterior a un duelo, ese instante donde nos damos cuenta que quedamos del lado de la vida, que la vida ríe sol por todas partes y que tenemos nuevamente una hoja en blanco para hacer lo que queramos…

Yo elijo ponerle colores y música, formas y sabores, aromas, texturas y caricias…

Hay quienes eligen morirse todos los días, de a poquito, en una lenta agonía de mediocridad.

Hay que desatar los fantasmas y dejarlos partir.

Yo elijo estar del lado de la vida… y que la vida siga sorprendiéndome.

Entre todas las canciones del mundo, esta es una de las que más me gusta. Hoy me la regalo.

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Hay cosas (situaciones, circunstancias, sentimientos) que no podemos cambiar.

Hay cosas que no dependen de nosotros.

Hay cosas que no podemos superar.

Hay cosas que son una quimera.

Pero podemos aceptarlas.

Podemos aprender a vivir con ellas.

El camino de la menor resistencia es la no-resistencia.

Intentar olvidar es el camino de la máxima resistencia.

Hay que llevar con valentía los acontecimientos de la vida, sus desafíos.

Saberse no querido, dejado de lado, ignorado, no nos dice nada de nosotros, nos habla de preferencias de los demás.

Ahí quizás el desafío sea aprender a vivir sabiendo que, aunque no nos quieran, somos valiosos. Y que incluso así, tenemos que aprender a sostener lo que sentimos sin resistirnos, sólo abocándonos al duelo.

No se duelan solo a los muertos reales, a aquellas personas que dejaron de vivir. Los sentimientos, los sueños, las emociones, las ilusiones, los recuerdos, todo eso que alguna vez sentimos o que seguimos sintiendo, también deben ser duelados cuando llega el momento de confrontarnos con una verdad que nos dice que hicimos todo y que ya nada depende de nosotros.

Sólo así podemos reconciliarnos con nosotros mismos y curarnos.

Cuando nos engañamos, tendemos al fracaso, a repetir, sin recordar, sin elaborar.

No se trata de conformarmos. No se trata de dejar de luchar por nuestros sueños. Se trata de aceptar los límites que otras personas o que las circunstancias nos imponen, deponiendo así nuestra omnipotencia. A veces, cuando las cosas no dependen sólo de nosotros, tenemos que aceptar esos límites.

Duelar lo que fue es dificil. Duelar lo que sigue vivo en nuestro interior es más dificil todavía y doloroso, porque es una parte de nosotros mismos a lo que tenemos que renunciar, lo que tenemos que reconocer como algo que pereció o que necesita perecer. Cuesta desprenderse de alguien, pero más cuesta desprenderse y desapegarse de nuestros propios sentimientos, porque son parte de nosotros mismos, porque es algo de nosotros lo que está muriendo.

Pero sin un duelo las heridas que nosotros mismos nos causamos, no cierran.

Y es necesario cerrar heridas para seguir viviendo y creyendo.

Construir un futuro feliz, o un futuro mejor, no depende totalmente de nosotros, pero en gran parte sí. Evaluando nuestro presente podemos corregir el rumbo. Enfrentando el hoy e intentando que nuestro aquí y ahora sea lo mejor posible también construimos futuro. Y en realidad, lo único que tenemos es el hoy, el presente, ya que el futuro cuando llega es hoy.

Duelar lo que se muere, aunque sea doloroso, nos conduce a un presente mejor.

Aunque tengamos que gastar papel, tinta y palabras para convencernos…