Compromiso y responsabilidad: ¿por dónde comenzar?

Los otros días, luego de un partido de primera división, conversaba con un entrenador de menores sobre la tendencia generalizada de los chicos de buscar la responsabilidad sobre el resultado de un encuentro en los factores externos, como por ejemplo, la actuación del referee, los factores climáticos, los compañeros, el estado del campo de juego, las “trampas” de los contrarios, etc. Pero, convengamos, esto no es algo específico de los niños y los adolescentes sino, muy por el contrario, también se presenta en los juveniles y en los planteles superiores… en los adultos, en los veteranos, en los entrenadores… En suma, empezar a enfocar el tema de la responsabilidad y saber dónde tenemos que mirar y dónde tenemos que enseñar a mirar es un tema que requiere atención.

El entrenador tiene en sus manos la posibilidad de enseñar a sus jugadores a enfocarse o, por el contrario, puede resultar una influencia negativa a la hora de analizar la responsabilidad individual, del equipo y de si mismo.

Sin dudas, es una salida muy cómoda “culpar” a algún factor externo por un resultado disvalioso… pero esto es un arma de doble filo, dado que, ante un resultado positivo se corre el riesgo de adjudicar la victoria también a factores externos, y a veces incluso, mágicos, como la suerte, las cábalas, etc. Lo mejor es que, en primer lugar el entrenador y luego los deportistas, comprendan qué es la responsabilidad y hasta dónde llega la propia, la individual, y la del equipo.

La responsabilidad es un concepto jurídico. Tiene que ver con la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Por sujeto activo de derecho tenemos que entender un sujeto mayor de edad o emancipado y capaz, en lo jurídico, pero deportivamente hablando, es necesario que el concepto de responsabilidad personal por la propia actividad deportiva sea transmitido, fomentado y revisado desde las primeras divisiones hasta las últimas, y esto debe incluir necesariamente a todos los miembros del equipo técnico. En este sentido el rugby, como deporte y medio transmisor de valores y formador de personas, debe realizar un distingo especial a la hora de hablar de responsabilidad.

Un entrenador puede encarar el tema de la responsabilidad desde diversos aspectos, y no necesariamente hablando directamente de la misma. Cuando se entrena un equipo y se habla de los objetivos, se puede hablar del compromiso de cada uno consigo mismo y con el equipo. Comprometerse es contraer una obligación, inclumplirla acarrea responsabilidad. Si somos parte de un equipo nos comprometemos, nos obligamos voluntariamente, a dar lo mejor de cada uno para lograr las metas que el equipo se haya propuesto. Si no cumplimos, el compromiso se rompió y, por lo tanto, hay que realizar una evaluación de responsabilidades. Cuando los objetivos se cumplen, también hay que realizar una evaluación tendiente a determinar si efectivamente cada uno cumplió con su parte. Esto ayuda a no perder de vista la participación de cada uno en el logro de los objetivos y el sentido de responsabilidad hacia el equipo. En un equipo de rugby cada uno sabe que el compañero está ahí para apoyar, por lo tanto, cada uno tiene que saberse responsable de estar ahí presente para apoyar al que lo necesita.

¿Cómo se puede hablar de responsabilidad individual a un jugador de rugby? De acuerdo a la edad será la forma de transmisión, pero no es necesario entrar en el terreno de lo jurídico, ni siquiera en extremas formalidades, para encarar el tema de las responsabilidades. La primer responsabilidad de un jugador, como la de cualquier deportista, es la sinceridad con sí mismo. Esta sinceridad le servirá para poder responder algunas preguntas:

  • ¿Estoy dando lo mejor de mi?

  • ¿Estoy poniendo mi mejor empeño y esfuerzo?

  • ¿Tengo una actitud positiva?

  • ¿Busco “culpas” afuera (en el referee que cobró mal, en mis padres, en los jugadores del otro equipo, en la lluvia, en el equipo, en el entrenador, etc)?

  • ¿Estoy cumpliendo con el entrenamiento?

  • ¿Estoy llevando una vida acorde a mis objetivos fuera del entrenamiento?


No hace falta que cada jugador le conteste a su entrenador estas preguntas. Es más, en la mayoría de los casos no lo haría (mientras que seguramente sí podría sincerarse con el/la psicólogo/psicóloga del equipo). Pero deben formularse para que el jugador reflexione y perciba, aún cuando no se mencione la palabra “responsabilidad”, que hay algo de sí que debe cumplir y que, si no lo está haciendo, hay consecuencias. Estas consecuencias pueden repercutir en el propio jugador (por ejemplo, ser excluido del equipo) o en el equipo (por ejemplo, una mala actuación producto del cansancio de una salida nocturna el día previo al partido que perjudica el juego general del equipo).

La sinceridad implica que, en primer lugar, sea capaz de hacerse estas preguntas y de responderse sin mentirse. El compromiso debe percibirse como lo que se hace para obtener un resultado personal y lo que se hace con relación al resto de los integrantes del equipo. Cuando no se cumple, y esto debe quedarle claro al jugador, no sólo se perjudica a si mismo sino que también perjudica a los compañeros, a esos que están dispuestos a dar todo en la cancha por el equipo.

El tema de la responsabilidad no es exclusiva de los jugadores. Un entrenador también puede haber equivocado la lectura del rival y el diseño de una estrategia para un partido. ¿Debe asumir su responsabilidad y reconocer su error? Creemos que lo acertado es, en el análisis posterior, evaluar su responsabilidad y admitir el error, si considera que lo hubo, dado que esto, lejos de desacreditarlo, generará el respeto por parte de sus jugadores. El camino contrario, la búsqueda de responsabilidad en los factores externos, no sólo genera falta de confianza en el entrenador sino que facilita la transmisión de un mensaje absolutamente contradictorio: alguien que exige a sus jugadores responsabilidad y que a la hora de asumirla mira para otro lado.

Como siempre, este tema da para mucho más. Pero, uno de los pilares de toda una construcción de fortaleza mental en los deportistas es la incorporación del concepto de responsabilidad, algo que no sólo servirá para la práctica deportiva sino para su vida en general. La pregunta que todo deportista y que toda persona en cualquier situación debe realizarse es: ¿estoy poniendo lo mejor de mi para hacer esto lo mejor que puedo? Se puede ganar o no, el resultado es un complemento, pero la tranquilidad se logrará cuando se sepa que, frente a un desafío, se hizo todo y lo mejor que se pudo para lograrlo, aun cuando no se haya concretado.

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Lic. Inés Tornabene
Psicóloga

¿De qué hablamos cuando nos referimos a la “cohesión” de un equipo?

Está por dar comienzo uno de los torneos más importantes del país y la emoción ya se hace sentir. Por eso, nos pareció una buena oportunidad para hablar sobre un tema del que siempre se opina: la unión del grupo.

Cuando hablamos de la unión del grupo nos referimos a la cohesión del equipo. El término “cohesión” se refiere a la propiedad que tienen algunas cosas para reunirse y permanecer unidas; en Física, concretamente, la cohesión se refiere a la fuerza de atracción que mantiene unidos determinados elementos. Durante la década de 1950, en Estados Unidos, autores como Festinger, Schacter y otros, definieron la cohesión como “el campo total de fuerzas que actúa sobre los miembros de un grupo para que permanezcan en él”. Esta definición fue evolucionando con el paso del tiempo y seguramente hay todavía mucho por investigar y por decir al respecto. En especial cuando analizamos nuestro rugby local.

Es frecuente escuchar que se atribuye el resultado de un partido a la forma en que los jugadores están funcionando como equipo, a cómo están en cuanto a su unidad, si se llevan bien entre ellos, si hay buena comunicación, si hay mucho “individualismo”…  La pregunta es: ¿podemos atribuir los resultados de un equipo solo a la unión o cohesión de un grupo? Como veremos, las cosas no son tan simples…

Un equipo es más que un conjunto de jugadores; tiene elementos en común y fines comunes que le confieren “eso” que los hace más que la simple suma de sus miembros. Hay determinadas “fuerzas” que actúan en los integrantes de un equipo y que hacen que se mantengan unidos. Generalmente se menciona a las fuerzas de atracción del grupo y las fuerzas de control de los recursos.

Las fuerzas de atracción de un grupo tienen que ver con el deseo de cada uno de esos integrantes de pertenecer a ese equipo y que los lleva a relacionarse entre ellos, a interactuar unos con otros. El control de los recursos se refiere a los beneficios que puede obtener cada integrante por el mero hecho de pertenecer al grupo (por ejemplo, reconocimiento).

Pero esto solo no era suficiente. Con el tiempo y nuevas observaciones, se empezaron a señalar distintos aspectos de la cohesión hasta llegar a  la cohesión de trabajo y la cohesión social.

La cohesión de trabajo tiene que ver con la forma en que los  miembros de un equipo trabajan juntos para lograr un objetivo (por ejemplo, salir campeones). Cómo se llegue al objetivo va a depender del trabajo en equipo que realicen sus miembros, se alcance o no la meta.

La cohesión social, en cambio, es la forma en que los integrantes de ese equipo se relacionan unos con otros, como se llevan, si se caen bien o no, si comparten lazos de amistad, si salen juntos fuera de las actividades relacionadas con el deporte, si pueden solucionar sus problemas internos, si pueden capitalizar sus rivalidades, etc.

Por eso, volviendo a nuestra pregunta, cuando pensamos en un equipo y en su cohesión, es importante distinguir a qué aspecto de la misma nos estamos refiriendo. Puede darse el caso que un equipo gane aún cuando algunos de sus integrantes ni siquiera se hablen fuera de la cancha (cohesión social), siempre y cuando tengan claro y respondan debidamente a un objetivo común, como puede ser ganar un campeonato (cohesión de trabajo). Esto lo vemos claramente en otros deportes, en nuestro país, y también lo vemos en el rugby profesional, en otras ligas… Pero… la pregunta es si, en el rugby amateur, por sus propias características, tendría sentido que un equipo funcione “cohesionadamente” en cuanto a sus objetivos de trabajo, pero sin tener cohesión social. Parece muy difícil.

Ya en 1982, otro autor, Carron, tuvo en cuenta los dos aspectos mencionados y  propuso una nueva definición, describiendo la cohesión como “un proceso dinámico reflejado en la tendencia de un grupo a no separarse y permanecer unido en la búsqueda de sus metas y objetivos”.

Ahora bien: hay factores que influyen y que afectan el desarrollo de la cohesión de un equipo. Son factores ambientales, factores personales, factores de equipo y factores de liderazgo. En otras notas nos iremos refiriendo a cada uno de ellos. A su vez, hay factores culturales que no pueden dejarse de lado a la hora de pensar en la cohesión de un equipo.

En nuestro rugby local los equipos son, en su mayoría, el resultado de años de trabajo juntos, donde sus integrantes suelen conocerse desde chicos, y donde el “trabajo en equipo” suele trascender lo meramente deportivo. Estos son aspectos culturales propios que forman parte de un concepto de cohesión que es particular a nuestra realidad. Podemos pensar que, uno de los objetivos de nuestros equipos locales de rugby es que el juego se desarrolle en un grupo unido, aunque en la práctica no sean todos amigos de todos.

En una interesantísima nota que publica Rugby Fun el 13.04.09, encuestaron a cada uno de los equipos que arranca el próximo sábado el torneo de la URBA. A todos se les preguntó cual consideraba que es el punto fuerte del equipo. Sobre 24 equipos, 12 respondieron que el punto fuerte del equipo era la unión del grupo (o un atributo asimilable, como puede ser la “entrega”). Esto nos habla de la importancia que tiene en nuestro rugby local el aspecto social de la cohesión. Podríamos pensar que, si la unión del grupo es el aspecto más fuerte para un equipo, para esos equipos que así lo consideran, la unión del grupo –la cohesión social- es un objetivo logrado y puesto al servicio del trabajo del equipo.

Tal vez el mejor ejemplo de lo que es conjugar las proporciones justas de cohesión social, cohesión de trabajo y cultura propia sean Los Pumas versión 2007. El objetivo de trabajo estaba clarísimo: salir campeones. A nivel social, en la cancha el equipo reflejaba lo que seguramente vivían a nivel interno: una alta dosis de compañerismo y pertenencia, un liderazgo respetado que se evidenciaba en la conducción del equipo adentro y fuera de la cancha, un equipo técnico donde cada uno hacía su trabajo sin buscar protagonismos personales.  Y además, la convicción interna de cada uno de dar lo mejor de sí mismo, al ciento por ciento, sin mezquindades, para lograr el objetivo común.

Los Pumas 2007 es un equipo que merece estar en cualquier libro de Psicología del Deporte como ejemplo de lo que debe ser un equipo más allá de cualquier intento de definición teórica.

Tal vez de eso se trata la cohesión.

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Lic. Inés Tornabene
Psicóloga