Qué hacés cuando no hacés nada? #Spinetta

“Hago pan, hago pizza, preparo una comida tailandesa o mexicana… Me encanta cocinar, gran desenchufe. El intelecto está aplicado a un lugar tan diferente… Cocinar contrabalancea la angustia del que pronto se va a meter con algo arduo, porque recibe una voz desde adentro. Y entonces ahí ya no hay otra que tirarse sobre un papel, a sentar poesía, frases aisladas?… Hay que hacer pan y hay que hacer canciones. Porque si viviera todo el tiempo haciendo poesía, música, me consumiría”.

Luis Alberto Spinetta

Sueños y verdades, de Miguel Hachen

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Sueños y verdades (SIEMPRE!)

Vida
Aquí voy
Partiendo
Atando cabos
Aflojando nudos
Ahogando gritos
Gritando ahogado
Revistiendo muros
Recorriendo seres
Levantando anclas
Anclando verdades
Inventando sueños
Comprando utopías
Cosechando ternura
Forjando humildades
Prorrogando tiempos
Remendando errores
Libertando vanidades
Reescribiendo versos
Sombreando destinos
Desnudando axiomas
Juntando fragmentos
Vistiendo existencias
Delineando sombras
Silenciando miedos
Canjeando vivencias
Esperando milagros
Quebrando tabúes
Recogiendo flores
Llenando vacíos
Vaciándome
Amándote
Siempre

Miguel Hachen
Neoguaraní

… el tiempo está después…

Gracias amiga Su por tu regalo, inmenso, en un día gris…

Del maestro Miguel Hachen

Psi

ImagenTengo una orgía de palabras

que se enroscan

y se funden

en mi mente.

Son, según Lacán,

mi síntoma.

Siguen, como en “Encore”,

dando lo que no tengo,

a alguien que no lo es.

Se pueden ir

todas mis palabras

al infierno.

Sólo necesito una

y es la única

que no puedo pronunciar.

Un nombre,

impronunciable,

es mi sinthome.

Hoy es uno de esos días…

Hoy es uno de esos días

que necesito una piedra de Rosetta

que traduzca uno a uno tus misterios.

Busco y no encuentro las palabras.

Hoy, ignorante de todo,

 siento, solo siento...

Si a alguien le interesa saber qué es la piedra de Rosetta, les cuento que se trata de una piedra que permitió descifrar los jeroglíficos egipcios. Los jeroglíficos fueron utilizados por los antiguos egipcios, pero cuando los griegos los conquistaron introdujeron su propio idioma. Luego fueron los romanos quienes avanzaron y con ellos llegó el latín. Así fue como el lenguaje de los jeroglíficos se fue perdiendo.

Nadie podía descifrar los jeroglíficos y su sistema, ya que no había documentos que dieran pistas sobre la forma correcta de efectuar la traducción. Por lo tanto, quienes quisieran estudiar la historia y la cultura del Antiguo Egipto se encontraron durante siglos con el inconveniente de no saber qué habían dejado expresado.

El 15 de julio de 1799, un capitán francés, Pierre François Bouchard descubre, mientras se encontraba dirigiendo trabajos de construcción para levantar un fuerte, una piedra de basalto que contenía unos grabados. La ciudad, en Egipto, era conocida como Rashid, pero su nombre es Rosetta. Bouchard vislumbró rápidamente la importancia de su descubrimiento accidental y la llevó al Instituto del Egito, lugar dedicado a la investigación arqueológica y que había sido fundado por Napoleón. Al ser derrotados por los ingleses, los franceses en 1803 se marcharon de Egipto dejando el isntituto y todas las reliquias. Posteriormente la piedra fue trasladada al Museo Británico y guardada. Fue Jean François Champolion quién años después pudo descifrar el conocimiento encerrado en esta piedra, ya que conocía tanto el griego como el cóptico y los signos egipcios demóticos. La piedra tenía tres secciones de escritura, una en jeroglíficos, otra en demótico, que era otro idioma que también se utilizaba en Egipto y finalmente, en griego.

Cuando se hace referencia a la piedra de Rosetta es para simbolizar algún problema muy complejo o algo que resulta especialmente dificil traducir. La piedra es como la llave que permite transformar lo oculto en algo distinto y que luego, ese algo distinto, pueda ser adaptado en palabras comprensibles. Sigmund Freud menciona la piedra de Rosetta cuando explica el significado de los sueños.

La “realidad” es eso que vamos construyendo segundo a segundo…

Algunos acontecimientos de la vida que nacen como hechos extraordinariamente positivos terminan siendo desastrosos. Otros, que parecen las siete plagas de Egipto, pueden llegar a generar frutos benéficos y al final, son valorados como verdaderas bendiciones.

No podemos adelantarnos a decretar cómo es algo, ni a valorarlo con un signo + o – hasta no verificar las consecuencias que trae consigo. Un mínimo cambio, un pequeño desplazamiento, termina produciendo alteraciones gigantescas… lo que generalmente se conoce como “efecto mariposa”: según J. Gleick, “si agita hoy, con su aleteo, el aire de Pekín una mariposa, puede modificar los sistemas climáticos de Nueva York el mes que viene”.

¿Cómo saber entonces en qué terminara algo y con qué consecuencias? Dentro del tablero de la vida hay muchas posibilidades. Lo que es seguro es que cuando elegimos algo, estamos desechando un montón de otras alternativas, y con ellas, muchas miles de variables que se van abriendo como abanicos. Un mínimo cambio, una “nimiedad”, puede generar consecuencias insospechadas.

No nos apresuremos a catalogar “esto es bueno” o “esto es malo”. Vivamos la vida teniendo en cuenta que la realidad siempre depende de la perspectiva desde la cual la miremos y que cuando modificamos un poquito nuestra posición, veremos las cosas de otra manera. Y si además, incluimos distintas variables, otros filtros, otros colores, la realidad parecerá también cambiar.

No hay verdades objetivas, la realidad la vamos creando paso a paso a medida que vivimos. Somos lo que pensamos y lo que sentimos. Por eso, es importante tratar de escuchar nuestras cuerdas interiores para tratar de que lo externo vibre en armonía. Hay que escuchar nuestro corazón, nuestra alma, nuestro espíritu, nuestra conciencia o como queramos llamar a nuestra esencia, prestarle más atención, intentar determinar dónde nos sentimos más centrados y, fundamentalmente, tratar de no vivir ficciones innecesarias.

A veces vivir de acuerdo a los sentimientos y alejarnos de las ficciones es doloroso. Pero absolutamente necesario para crecer y acercarnos un poco más a ese sentimiento de bienestar interior y de tranquilidad que nos hace saber que estamos viviendo conforme a lo que verdaderamente sentimos y no siguiendo destinos ajenos. Esa independencia de espíritu tiene que ver con la capacidad de tomar decisiones por sí mismo y asumiendo la responsabilidad que se deriva. Nadie va a vivir nuestra vida por nosotros… y minuto a minuto avanzamos sin que haya posibilidad de volver atrás ni de recuperar cada instante que va pasando. A lo sumo podemos resignificar nuestro pasado, pero en definitiva, lo único que tenemos es el aquí y ahora y la posibilidad de tratar de transformar cada minuto  en algo valioso e irrepetible, sin dejar cuentas pendientes.